IDEALES DE CENTROAMERICA POST-INDEPENDENCIA 



El periodo colonial finaliza con la independencia de la Nación Centroamericana[1], el 15 de septiembre del 1821. No olvidemos que la emancipación de la región fue llevada a cabo por la élite criolla. Por lo que la estructura política seguía intacta en los primeros años de independencia.

En el campo de la educación, se puede decir que este fue un período de transición, en donde ésta deja de estar en manos de la iglesia y pasa a estar a cargo del Estado. Es decir, comienzan las bases de una educación laica, gratuita y obligatoria.

La Nación Centroamericana, en su periodo de formación –al igual que el resto de las nuevas repúblicas emergentes en América Latina–, vio en la Ilustración[2] el modelo educativo para “asegurar y modernizar las bases de la sociedad americana, por medio de una diversificación educativa selectiva y literaria de las clases dirigentes”. Como metodología educativa, al igual que el resto de las nuevas naciones latinoamericanas, se utilizó la enseñanza mutua o método lancasteriano[3]. (Arévalo, 2011).

 


De acuerdo con el hondureño José Cecilio del Valle, el pensador más destacado en la época de la independencia, uno de los actores políticos claves tanto antes como después de la independencia y uno de los difusores de la Ilustración en Centroamérica, en su obra Memoria sobre la educación,  “en la instrucción pública debe haber escuelas elementales para enseñar los principios de las artes y ciencias, clases para enseñar las mismas artes y ciencias en toda su extensión, y academia, sociedad o instituto para darles impulso,


[1] Luego de la independencia formó parte por un breve tiempo al Primer Imperio Mexicano. En 1824 llegó a convertirse en la República Federal de Centroamérica, la cual duró alrededor de 14 años, cuando se separaron las provincias formando los Estados independientes que hoy conocemos.

 

[2] Movimiento cultural e intelectual surgido en Europa durante el siglo XVIII cuyo objetivo principal era combatir la ignorancia y el fanatismo religioso “mediante las luces del conocimiento y de la razón”. Promovía la divulgación del saber como único medio para mejorar las condiciones de vida de la humanidad, es decir, el conocimiento al alcance de todos y no solo de los filósofos.

 

[3] Método que consistía en que los alumnos más avanzados enseñaban a grupos de diez niños; de este modo, un maestro podía instruir, indirectamente a grandes grupos de los alumnos en el proceso educativo y eliminaba, en parte, el papel autoritario del maestro.


 No es posible dar en una sola la instrucción. Hay inmensidad en las ciencias y artes; y las facultades del hombre se van desarrollando gradualmente desde el momento en que nace hasta aquel en que cesa de progresar. (ORTEGA, 2010)

La perspectiva de Valle sobre la educación es profundamente ilustrada, basada en la ideología del progreso y sustentada en la idea del carácter perfectible y de la naturaleza racional del ser humano. Es interesante constatar que en esta óptica la educación es un recurso para diversos propósitos: el mejoramiento de la economía, la reforma de la sociedad, el desarrollo y la difusión de las ciencias, y la fundación y el sostenimiento de Gobiernos constitucionales y liberales. (ORTEGA, 2010)

En esta formación de nuevas naciones, a la educación se le atribuyen funciones tales como las de integración de los distintos grupos sociales, culturales y étnicos, la creación de una identidad nacional y la legitimación del poder del Estado. Se trata, en definitiva, de conseguir el consenso, de manera que el Estado no se reduzca a ser un aparato de mando e incluso de represión, sino que, mediante una compleja red de funciones que llevan a efecto la dirección cultural e ideológica de la sociedad, consiga el consenso entre los diversos sectores de la sociedad. La educación adquiere en ese sentido una significación relevante, dado su carácter de órgano óptimo para la generación del consenso. Junto a ello, los procesos de secularización del Estado, que se discutieron ardientemente en relación a la escuela laica y los problemas de la libertad de enseñanza, forman también parte de esta lucha hacia el consenso. El Estado como representante de lo general rompe el monopolio ejercido por la Iglesia en materia educativa. (Sauter, 1993)

Además de estas funciones más estrictamente políticas, el Estado busca también a través de la educación facilitar la movilidad social y formar adecuadamente a los ciudadanos para realizar un trabajo dentro de la estructura productiva de la sociedad, ya sea en la industria, la agricultura, el comercio, las profesiones liberales o los propios cuadros burocráticos que sostienen al Estado. Estas funciones de tipo social y económico fueron adquiriendo mayor relevancia según avanzó el proceso de industrialización a lo largo del siglo XIX y conforme la sociedad se fue complejizando. En un principio, cuando se gestaron los sistemas educativos nacionales, el nuevo Estado constitucional tenía como fundamento la creencia en que todos los hombres, independientemente de su proveniencia, eran capaces de un mismo desarrollo de la razón y, por tanto, debían considerarse jurídicamente iguales en lo político. La educación nacional fue así un componente necesario del nuevo orden político. Como hemos dicho, los grupos sociales aún no se definían en sentido estricto como clases, y por ello la escuela, con su proyecto social y moral universal, ocupó una posición eminentemente simbólica: se dedicó a jugar el papel de factor de unificación moral y de centro de irradiación de la conciliación nacional. (Sauter, 1993)

 


ESCUELA LANCASTERIANA 



Bibliografía

Arévalo, A. P. (2011). Una genealogía de la educación. Artículos y Ensayos, XLI(3 y 4 ), 73-117.

ORTEGA, V. H. (2010). La Memoria sobre Educación de José Cecilio del Valle (1829). En V. H. ORTEGA, Independencia y Educacion de Centroamérica (págs. 307-315). Ediciones Universidad de Salamanca.

Sauter, G. O. (1993). Estado y Educación. Revista Iberoamericana de Educación(1). https://rieoei.org/historico/oeivirt/rie01a04.htm

 

 


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